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PEDAGOGÍA SEXY: RECUPEREMOS EL PLACER COMO EJE DE LA EDUCACIÓN // Maria Acaso

Desgraciadamente no me equivoco cuando afirmo que el aburrimiento es una de las experiencias que más intensamente he vivido en mi vida como estudiante. Y lo que es infinitamente peor, una de las experiencias que más intensamente he hecho vivir a mis estudiantes en mi vida como docente. Un aburrimiento denso, físico, tupido, de esos que se pueden cortar con un cuchillo; un aburrimiento embotador, narcótico, analgésico que te robaba poco a poco las ganas de aprender. Las experiencias de la escuela, de la universidad, de esa conferencia con un tema maravilloso pero en la que era imposible mantener la atención, están infectadas por el virus del desinterés, de la repetición y del tedio. Pero resulta que cerrabas el libro, te ibas a casa y comenzaba la motivación, lo excitante, la efervescencia: jugar en el patio, ver tu serie favorita, asistir a ese partido de futbol o a ese concierto, bailar sin parar en una fiesta, buscar conchas en una playa, hacer un refugio en el jardín… El placer aparecía siempre alejado del aprendizaje formal, un placer que te empoderaba, te hacía sentir vivo, te conectaba con los demás y te hacía aprender mucho más que todos los libros y los exámenes juntos. Y es que este es, desde mi punto de vista, el principal problema del sistema educativo que tenemos: que las instituciones educativas se hayan convertido (de manera fatalmente paradójica) en los lugares donde EL APRENDIZAJE NO SUCEDE cuando, precisamente, son los lugares creados justamente para lo contrario.

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La clave para que en las instituciones educativas formales se vuelva a producir el aprendizaje, consiste en algo tan sencillo como RECUPERAR EL PLACER, conseguir desterrar el aburrimiento narcótico y que los estudiantes, de cualquier edad y condición, deseen generar saberes, sientan por sus venas correr la dopamina, se enamoren del conocimiento. Para recuperar la pasión por el aprendizaje tenemos que dar la bienvenida a la pedagogía sexy, una opción metodológica basada en cinco ideas clave:

LA PEDAGOGÍA SEXY ES… PERSONALIZADA

Un elemento clave que tenemos que aceptar si queremos recuperar el placer es que cada uno de nosotros aprendemos de manera única, individual y diferente. La estandarización de los procesos de aprendizaje (los mismos libros, los mismos exámenes, los mismos muebles) en el fondo están solo dirigidos a unos pocos, a esos pocos a los que premia el sistema porque se han adaptado de manera óptima a él. Pero el resto (ese 90% restante que no ha conseguido amoldarse, lo que dice mucho a favor de ellos, by the way), sufre, se aburre, se desespera y, evidentemente, no aprende. Solo cuando la diversidad sea atendida, cuando se acepte el inconsciente como el tercer participante del acto pedagógico y cuando entendamos que lo que como profesores enseñamos NO es lo que nuestros estudiantes aprenden (y por eso aprenden) es cuando iremos en la dirección adecuada.

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LA PEDAGOGÍA SEXY ES… PARTICIPATIVA

Recordemos nuestras clases tanto en la escuela como en la universidad, recordemos la imposibilidad de hacer nada, la incómoda sensación de estar perdiendo el tiempo, de estar haciendo que escuchábamos un monólogo que nos traía sin cuidado. Y recordemos ahora la sensación de participar al hacer un plato de comida, en un juego de mesa, en la creación de cualquier proyecto grande o pequeño. Participar mola, mola mucho, te hace sentir muy bien, hace que tu cerebro segregue dopamina, adrenalina y serotonina y cuando esto ocurre, de repente nos concentramos durante largas horas, nos entusiasmamos, incluso nos obsesionamos y nos convertimos en personas disciplinadas, diligentes, nos esforzamos… porque el esfuerzo, digámoslo claro, está completamente relacionado con el placer.

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LA PEDAGOGÍA SEXY ES… CORPORAL

La pedagogía tradicional no es que haya olvidado el cuerpo, es que lo castiga, lo mantiene inmóvil durante seis horas o más, lo mantiene atado a una silla más parecida a un potro de tortura que a cualquier otra cosa. En la escuela, en la universidad, no se puede correr, no se puede saltar, no se puede bailar. No se puede uno sentar con las piernas estiradas, ni tumbarse en el suelo. No se puede gritar. No se puede hacer nada. Y todas estas prohibiciones nos embotan los sentidos, las ganas de hacer cosas y, unidas al hastío, nos paralizan por completo, nos anulan. La pedagogía sexy recupera la totalidad del cuerpo, desde el cuero cabelludo hasta las plantas de los pies, como centro motor del aprendizaje, un cuerpo que se mueve y que a veces está quieto, un cuerpo que se levanta, que se conecta con otros cuerpos, que necesita estirarse y que necesita una temperatura y una luz solar determinadas. La pedagogía sexy pide a gritos otros muebles, otros colores en las paredes, tiempos de transición y, por supuesto, resitúa los afectos y las emociones como elementos centrales del aprendizaje.

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LA PEDAGOGÍA SEXY ES… EXCITANTE

Hacer que escuchamos, tomar apuntes, traficar con los apuntes, deglutir la información el día antes del examen, vomitarla, olvidarla por completo. La lección magistral y su prima hermana, la educación bulímica, son la antesala del aburrimiento, de la experiencia vacía, de la narcolepsia total. El aprendizaje, para que suceda, debe trabajar sobre contenidos motivadores, sobre esos temas que nos hacen vibrar, que nos hacen desear más y más conocimiento, como en el caso de aquel colegio donde los estudiantes de primaria decidieron elegir Star Wars como tema para el proyecto que desarrollaron durante casi tres meses. Miremos a nuestro alrededor y démonos cuenta de que, cuando hay pasión, sucede todo lo demás: la concentración, las ganas, la autonomía, la perseverancia y, sí, una vez más, el esfuerzo.

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LA PEDAGOGÍA SEXY ES… DESCENTRADA

Y, para terminar, la pedagogía sexy no está obsesionada con los exámenes. Le dan bastante igual. Lo cual no quiere decir que no tenga que pasar por ellos, pero no los considera su centro, sino un mero trámite. No quiere participar del horror, de la ansiedad, de un miedo que no conducen más que a la certificación porque, digámoslo de una vez por todas, los exámenes no conducen al aprendizaje. Mientras que no los podamos obviar, tendremos que continuar sobreviviendo con métodos de evaluación absurdos e irracionales, pero una magnífica manera de “sensualizarlos” es no darles importancia y pasar de una educación centrada en la evaluación a una educación centrada en el aprendizaje.

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Sin placer es imposible que haya aprendizaje, y sin aprendizaje, es imposible que haya placer. Quizás al principio de este texto la palabra sexy haya entrado en contradicción con el término pedagogía, pero seguro que ahora, al final, ya no podemos entender lo uno sin lo otro: porque toda pedagogía debe ser sexy y todo lo sexy debe de ser pedagógico.

PD: todas las fotos de este post son de Heriberto Noguera de la sesión de Pedagogía Sexy del programa Creative Mornings Madrid el 19 de diciembre de 2014.

Artículo extraído de: http://www.mariaacaso.es/pedagogia-sexy-recuperemos-el-placer-como-el-eje-de-la-educacion/

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